Desde el desayuno a la sobremesa nocturna, el café está presente en numerosos momentos de nuestra vida diaria... Entonces ¿cómo no otorgarle un espacio a su poesía, a su aroma cotidiano y a las maravillosas anécdotas ocurridas en torno a la mesa de algún café?
las primeras casas de café que se hicieron famosas con el nombre de “penny universities”, ya que costaba sólo un penique la taza, y el café invitaba a pasar largas horas de charla.
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Una de las principales casas de café, perteneciente a un acaudalado londinense llamado Edward Lloyd, pasó con el tiempo a ser una famosa compañía de seguros y más tarde el internacional Lloyds Bank. En América Central, el café hizo su primer desembarco en una de las Guyanas francesas y, según cuentan, fue entre las flores de un ramo que le obsequiaron a la esposa del gobernador de la isla.
Así como de cada variedad de uva nace un vino único y personal, el sabor de cada café guarda su secreto en la combinación de los granos y en sus diferentes tostados. En el Boulevar de Montparnasse, en Paris, existe un café muy famoso, que se llama Le Dome. Para que lo imaginemos, tiene un toldo rojo, sillas esterilladas y aún sirven allí el mejor café de toda Francia, según dicen con un poco de exageración.
Luis Buñuel, Paul Eluard, Edith Piaf y Pablo Picasso lo frecuentaron a diario en un tiempo en que todavía no eran muy conocidos. Picasso conoció allí a Olga, su primera mujer. Sobre una servilleta trazó el primer boceto de su cuadro más célebre, el Guernica, y también, sobre el mármol de una de las mesas, dibujó su famosa paloma de la paz, que lleva en el pico una rama de olivos.
Jean Paul Sartre escribió La náusea y buena parte de su obra sentado a una mesa de un café en “Saint Germain des- pres”. Allí se enamoró para siempre de Simone de Beauvoir. Richard Wagner, el compositor alemán, solía llenar sus densos pentagramas acodado en una mesa del café Florian, en la Piazza San Marco de Venecia. Allí, en ese mismo café, pasaron varios momentos Casanova, Rousseau, Lord Byron y Goethe.
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Cuentan que un día, Wagner abandonó el Café Florian y se marchó a otro que quedaba del otro lado de la plaza. Cuando le preguntaron al maestro de ópera por qué había cambiado de café, contestó que no quería saludar más a Verdi, el compositor italiano, otro asiduo visitante del Florian.
En Madrid el café de Gijón, en el Paseo de los Recoletos, reúne más risas que llantos. Fue allí
donde Antonio Machado leyó sus últimos versos antes de partir al exilio. Los argentinos sabemos mucho de cafés o, como diría Gabriel García Márquez, de cafés bien conversados. Hay quienes resuelven vidas propias y ajenas en torno a una taza de café.
En Buenos Aires, el café es parte del corazón porteño, su íntima relación con la poesía le dio
vida en el tango: …”¿O será porque me cruzan tan fuleros berretines, que voy por los cafetines
a buscar felicidad?”... Uno de los más populares e históricos cafés de Buenos Aires es el Tortoni, declarado sitio de interés cultural por el consejo deliberante de la Ciudad. Sigue abierto como hace poco más de un siglo, en Avenida de Mayo al 800. Sus sillas parecen estar esperando a Luigi Pirandello, Roberto Arlt, Quinquela Martín, Alfonsina Storni y tantos otros sensibles personajes que pasaron por él.
“Yo espero milagros, escribió Alejandro Dolina. “Milagros constantes y sonantes, no metáforas
metidas a prodigio. Por eso elegí estas mesas, Tortoni. Aquí cuando un hombre vuela, es que
araña el cielorraso”. En un pasado no muy lejano Héctor Negro y Eladia Blázquez le pusieron música y letra de tango...
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“Viejo Tortoni, refugio fiel de la amistad junto al pocillo de café… En este sótano de hoy la magia sigue igual y un duende nos recibe en el umbral”… En la actualidad, está de moda saborizar el café con especias como cardamomo y canela, costumbre que en medio Oriente realizan hace siglos.
En Rusia le agregan clavo de olor, como contaban que acostumbraba tomar su café Leon Trostky cuando estuvo exiliado en Francia. Es muy común que utilicemos una serie de expresiones para pedir un café a nuestro gusto… Solemos confundir un manchado con una lágrima.
Manchado es un expresso con unas tímidas gotas de leche, mientras que una lágrima es una taza de leche con un sutil chorro de café. El infaltable cortadito de media mañana es imposible
de describir ya que se lo prepara según el lugar y el ¡ánimo del cafetero de turno!
“Viejo Tortoni”
Letra de Héctor Negro. Música de Eladia Blazquez
Expresiones cotidianas me hace que el palco llovizna recuerdos, que allá en la Avenida se asoman, tal vez, bohemios de antaño y que están volviendo aquéllos baluartes del Viejo Café. Tortoni de ahora, te habita aquel tiempo. Historia que vive en tu muda pared. Y un eco cercano de voces que fueron, se acoda en las mesas, cordial habitué. Viejo Tortoni, en tu color están Quinquela y el poema de Tuñón. Y el tango aquel de Filiberto, como vos, no ha muerto, vive sin decir adiós. Se me hace que escucho la voz de Carlitos, desde esta “Bodega” que vuelve a vivir. Que están Baldomero y aquel infinito fervor de la “Peña”, llegando hasta aquí. Tortoni de ahora, tan joven y antiguo, con algo de templo, de posta y de Bar. Azul recalada, si el fuego es el mismo, quién dijo que acaso no sirve soñar.




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